Ácido Hialurónico para la artrosis

Ácido Hialurónico para la artrosis

                                                                                         
Uno de los usos más extendidos 
en la comunidad médica respecto 
al ácido hialurónico tiene que ver 
con su uso para enfermedades degenerativas como la artrosis. 

Esta condición reumática tiene que 
ver con la progresiva lesión del 
cartílago articular. El cartílago 
protege nuestros huesos impidiendo 
su roce y es por ello que la falta del mismo puede ocasionar diversas molestias. Es importante protegerlo 
a lo largo de nuestra vida 
especialmente en aquellas 
articulaciones que soportan más 
peso como las rodillas o tobillos o en zonas conflictivas como columna cervical y lumbar. Se estima que hasta el 10% de la población sufre alguna variante de este problema y afecta más duramente a las mujeres mayores de 55 años. Es algo muy a tener en cuenta ya que produce una pérdida funcional muy notable y hace que aumente el riesgo de dependencia en estos grupos de edades.

Uno de los tratamientos de salud que más resultados están dando son las infiltraciones con ácido hialurónico. Este componente tiene altas propiedades hidratantes y lubricantes y es por ello que suele ayudar con el roce que se produce entre huesos por la no presencia de cartílago. Sus efectos son a largo plazo y por lo tanto no vamos a notar nada nuevo el día que nos infiltran. Sin embargo, colabora en mejorar la articulación durante años y puede hacer que evitemos otras opciones más agresivas como la prótesis de rodilla. Existen también suplementos para ingeridos oralmente pueden beneficiar las funciones del paciente. Es necesario ser muy paciente con ellos ya que la mejora no es inmediata.

Este tipo de tratamientos es muy utilizado en el mundo animal. Por ejemplo las infiltraciones de este componente en las articulaciones de los caballos que están sometidos a grandes cargas y tienen algún defecto cartilaginoso son muy comunes y presentan grandes beneficios. Precisamente del mundo de los animales podemos conseguir ácido hialurónico. Las mejores fuentes son las crestas de los gallos, el cartílago de tiburón y las articulaciones del ganado vacuno.

Siempre es aconsejable que acudamos a profesionales de prestigio para que nos asesoren correctamente acerca de nuestro caso en concreto. La posibilidad de usar este u otro tipo de opciones depende de muchos factores entre los que se pueden incluir peso, estatura, edad o condiciones médicas previas. Es por ello que una valoración personal es siempre la mejor opción.

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